Maquiavelo, El Siniestro
Mario Sobarzo Morales
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Leer cómo: biografía, unidad de la obra, silencios, heterodoxamente (siniestridad de su pensamiento)
Cuatro serán las claves interpretativas para adentrarnos en la lectura de Maquiavelo. Son ellas las que hacen posible justificar una tradición marxista de lectura de él. No necesariamente todos los intérpretes las avalarían.
Respecto al primer punto existe bastante acuerdo: la vida de Maquiavelo es muy importante para leer su obra política. Sin embargo los motivos difieren. Como espero demostrar creo que Maquiavelo es un pensador autógrafo.
El segundo punto se deriva del anterior: si existe unidad entre su vida, su obra y el modo en que la escribió (su carácter enigmático), más aún hay que considerar sus textos como un todo indisoluble para su interpretación. La mayoría de los intérpretes no considera relevantes su obra literaria y muchos descartan también su epistolario privado. Espero argumentar a favor de su unidad.
Leer a Maquiavelo a partir de sus silencios es una forma implícita de invertir el argumento de Leo Strauss. Si los arcani imperii y la tradición escritural esotérica habían dado origen a una larga tradición de respeto al vínculo tradición, religión, gobierno, Maquiavelo contamina con la escandalosa capacidad de guardar silencio para permitir la interpretación, para hacer aparecer el enigma. Anfibología fundamental que reemplaza el secreto por lo desconocido. Al desvelar los procesos del poder con una economía de la escritura que oscila entre la parquedad absoluta y la metaforicidad ilimitada, Maquiavelo se convierte en una fuente infinita de reflexión sobre la política, el poder y la libertad.
Por último, este carácter de misterio infinito, este crisol de figuras que desfilan frente a nosotros, abriendo más interrogantes, multiplicando nuestras dudas, vuelve a Maquiavelo un autor profundamente siniestro.
Fue un pensador conservador, Alain Finkielkraut, quien volvió a poner el dedo en la llaga al señalar que en la tradición interpretativa romana de los augurios, la izquierda siempre fue considerada una mala señal. Por esto identificarse con ella es en sí mismo un acto de autoflagelo.
Anteriormente, en 1919, Freud había escrito uno de sus ensayos más geniales, Lo Siniestro (Unheimlich), en el cual había tematizado las implicancias disolventes del orden de lo real que se asocian a ciertas figuras, generalmente relacionadas a la infancia. Ellas generan en nosotros una inquietud psicológica profunda, la desarticulación (o el temor a ello), de nuestro horizonte comprensivo de la realidad. Maquiavelo, el siniestro es, como título de esta tesis (con toda su complejidad y contradicciones), un nombre propio de este autor de los siglos XV y XVI, como nos lo recuerda el seudónimo Old Nick usado para el demonio. Hablar de nombres propios es apelar a la condición autógrafa que implica pensar y comprender la realidad”.

Mario Sobarzo

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Maquiavelo, El Siniestro
Mario Sobarzo Morales

Leer cómo: biografía, unidad de la obra, silencios, heterodoxamente (siniestridad de su pensamiento)
Cuatro serán las claves interpretativas para adentrarnos en la lectura de Maquiavelo. Son ellas las que hacen posible justificar una tradición marxista de lectura de él. No necesariamente todos los intérpretes las avalarían.
Respecto al primer punto existe bastante acuerdo: la vida de Maquiavelo es muy importante para leer su obra política. Sin embargo los motivos difieren. Como espero demostrar creo que Maquiavelo es un pensador autógrafo.
El segundo punto se deriva del anterior: si existe unidad entre su vida, su obra y el modo en que la escribió (su carácter enigmático), más aún hay que considerar sus textos como un todo indisoluble para su interpretación. La mayoría de los intérpretes no considera relevantes su obra literaria y muchos descartan también su epistolario privado. Espero argumentar a favor de su unidad.
Leer a Maquiavelo a partir de sus silencios es una forma implícita de invertir el argumento de Leo Strauss. Si los arcani imperii y la tradición escritural esotérica habían dado origen a una larga tradición de respeto al vínculo tradición, religión, gobierno, Maquiavelo contamina con la escandalosa capacidad de guardar silencio para permitir la interpretación, para hacer aparecer el enigma. Anfibología fundamental que reemplaza el secreto por lo desconocido. Al desvelar los procesos del poder con una economía de la escritura que oscila entre la parquedad absoluta y la metaforicidad ilimitada, Maquiavelo se convierte en una fuente infinita de reflexión sobre la política, el poder y la libertad.
Por último, este carácter de misterio infinito, este crisol de figuras que desfilan frente a nosotros, abriendo más interrogantes, multiplicando nuestras dudas, vuelve a Maquiavelo un autor profundamente siniestro.
Fue un pensador conservador, Alain Finkielkraut, quien volvió a poner el dedo en la llaga al señalar que en la tradición interpretativa romana de los augurios, la izquierda siempre fue considerada una mala señal. Por esto identificarse con ella es en sí mismo un acto de autoflagelo.
Anteriormente, en 1919, Freud había escrito uno de sus ensayos más geniales, Lo Siniestro (Unheimlich), en el cual había tematizado las implicancias disolventes del orden de lo real que se asocian a ciertas figuras, generalmente relacionadas a la infancia. Ellas generan en nosotros una inquietud psicológica profunda, la desarticulación (o el temor a ello), de nuestro horizonte comprensivo de la realidad. Maquiavelo, el siniestro es, como título de esta tesis (con toda su complejidad y contradicciones), un nombre propio de este autor de los siglos XV y XVI, como nos lo recuerda el seudónimo Old Nick usado para el demonio. Hablar de nombres propios es apelar a la condición autógrafa que implica pensar y comprender la realidad”.

Mario Sobarzo

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