Ojos color del tiempo
El paso de la Caravana de la Muerte por Calama
Victoria Saavedra González
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Prólogo a la Primera Edición
Hay libros que están fuera del tiempo. Parecen libros abstractos, pero no lo son. Parecen repetidos —como los tomates de Neruda repetidos hasta el mar— y no lo son. Simplemente, se multiplican en la amplia filiación de la memoria y se dejan llevar por los acontecimientos que los provocan, y que desean grabar de manera irreductible su pedazo de verdad en la memoria del mundo. Estos son los libros indispensables, aquellos de los que no se puede prescindir, puesto que están escritos al margen de la historia oficial de los pueblos y por lo tanto no respetan los cánones de los textos de historia, siempre acontecidos por las razones nacionales de los Estados.
Este es uno de esos libros. Tal vez una pequeña historia personal, repetida muchas veces en nuestro continente, que recurre a la memoria inobjetable, a los hechos expuestos bajo una luz ineludible, que logra trascender las fronteras de la indiferencia para alcanzar el sumo grado de las conciencias eréctiles y abiertas.
Este es un libro puro, un libro espontáneo. Libro que ha crecido en los surcos del recuerdo, en la obstinada voluntad de la memoria que se niega a morir sin dejar rastros. Y es, por lo tanto, un libro perfecto, libro señalizador, donde nada se esconde pues rastrea en lo escondido, donde nada se duerme, pues se turna en las vigilias, se bifurca en el grito subterráneo y cotidiano, para abrirse paso en los hechos que se quiere ocultar u olvidar.
Para eso fue escrito y la memoria es el objetivo que persigue. Todos nosotros tenemos en nuestro corazón un libro abierto, algunos se atreven a darlo a la luz. Este atrevimiento prolonga y abastece los recuerdos.
Y contra todo lo que se diga, la memoria no es un voluminoso ungüento de lo que fue, sino la promesa inclaudicable del futuro, cuyos pies están anclados en los acontecimientos del pasado, de ese pasado que sustenta la historia de los pueblos de este mundo.

Patricio Manns

Viña del Mar, 5 de octubre de 2003

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Ojos color del tiempo
El paso de la Caravana de la Muerte por Calama
Victoria Saavedra González

Prólogo a la Primera Edición
Hay libros que están fuera del tiempo. Parecen libros abstractos, pero no lo son. Parecen repetidos —como los tomates de Neruda repetidos hasta el mar— y no lo son. Simplemente, se multiplican en la amplia filiación de la memoria y se dejan llevar por los acontecimientos que los provocan, y que desean grabar de manera irreductible su pedazo de verdad en la memoria del mundo. Estos son los libros indispensables, aquellos de los que no se puede prescindir, puesto que están escritos al margen de la historia oficial de los pueblos y por lo tanto no respetan los cánones de los textos de historia, siempre acontecidos por las razones nacionales de los Estados.
Este es uno de esos libros. Tal vez una pequeña historia personal, repetida muchas veces en nuestro continente, que recurre a la memoria inobjetable, a los hechos expuestos bajo una luz ineludible, que logra trascender las fronteras de la indiferencia para alcanzar el sumo grado de las conciencias eréctiles y abiertas.
Este es un libro puro, un libro espontáneo. Libro que ha crecido en los surcos del recuerdo, en la obstinada voluntad de la memoria que se niega a morir sin dejar rastros. Y es, por lo tanto, un libro perfecto, libro señalizador, donde nada se esconde pues rastrea en lo escondido, donde nada se duerme, pues se turna en las vigilias, se bifurca en el grito subterráneo y cotidiano, para abrirse paso en los hechos que se quiere ocultar u olvidar.
Para eso fue escrito y la memoria es el objetivo que persigue. Todos nosotros tenemos en nuestro corazón un libro abierto, algunos se atreven a darlo a la luz. Este atrevimiento prolonga y abastece los recuerdos.
Y contra todo lo que se diga, la memoria no es un voluminoso ungüento de lo que fue, sino la promesa inclaudicable del futuro, cuyos pies están anclados en los acontecimientos del pasado, de ese pasado que sustenta la historia de los pueblos de este mundo.

Patricio Manns

Viña del Mar, 5 de octubre de 2003

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Victoria Saavedra González

Nació en la Oficina Salitrera Victoria (I Región) el 28 de febrero de 1943. Casada, dos hijos, 4 nietos, 1 bisnieta. Sus estudios primarios los realizó en la Escuela N°44 de Victoria y luego continuó su enseñanza en el colegio Iquique English College de esa ciudad. En 1959 su familia se trasladó a la ciudad de Calama, donde vivió durante 63 años. Actualmente reside en Iquique.
Es socia fundadora de la Agrupación de Familiares de Ejecutados y Detenidos Desaparecidos de Calama, ocupando el cargo de presidenta en tres períodos. También es monitora de Derechos Humanos, en cursos dictados por la Fundación de Iglesias Cristianas, FASIC.
Recibió la “Mazorca de Oro 2005” en reconocimiento a su labor en Derechos Humanos, otorgado por la Ilustre Municipalidad de Calama. Desde 2006 es “Embajadora de Conciencia” de Amnistía Internacional y en 2007 recibió el premio “Elena Caffarena” en Derechos Humanos de la Segunda Región.
Participó en el documental “Nostalgia de la Luz” y representó a Patricio Guzmán en el Festival de San Sebastián (2010) en el país vasco, España. Presentó el libro “Flores en el Desierto” de la escritora-fotógrafa Paula Allen en Nueva York y otras ciudades de EEUU.
Ha participado en varios documentales como “Dance of Hope” de Deborah Schaffer, “Huellas de Sal” del Grupo Proceso y “Yo Augusto”, documental de la TV española.

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