Manifiesto comunista
Karl Marx - Friedrich Engels
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¿Por qué publicar hoy una nueva edición del Manifiesto? A 158 años de su aparición, vivimos una época que parece no dar cabida a la posibilidad de construir una realidad diferente. Si hiciéramos eco de los rumores sobre el fin de la historia, insistir en esta obra sería un completo despropósito. El fin de los socialismos reales sembró un manto de duda sobre la vigencia de los planteamientos de este clásico del pensamiento crítico, y ante el lógico cuestionamiento sobre la utilidad de tal insistencia, es precisamente este tiempo el que nos entrega nuevas respuestas.
Con el Manifiesto Comunista comenzamos a dar vida una nueva serie de la Colección Papeles para Armar: la serie Papel Lustre. La intención fundamental de la serie y de la presente publicación es proponer una lectura crítica, útil para una reinvención de las prácticas transformadoras, que asuma el fracaso de los proyectos revolucionarios como una oportunidad para su superación. Una lectura desde la realidad actual, que asuma sus transformaciones no como argumento para la reedición de viejas derrotas, sino como una nueva oportunidad de construir una nueva sociedad
Durante un siglo y medio mujeres y hombres orientaron su opción transformadora del mundo a través de este escrito que Karl Marx y Friedrich Engels presentaron a la Liga de los Comunistas en 1848. Millones de seres humanos en todo el planeta hicieron de su práctica cotidiana un aporte a la construcción de un mundo diferente, que bajara a la tierra ese «reino de la razón» y la «justicia eterna» que la burguesía ofreció y luego abandonó en pos de sus intereses de clase. Hoy sabemos que los proyectos levantados fueron derrotados, no sólo por las virtudes de los triunfadores, sino también, y fundamentalmente, por las propias falencias de quienes tomaron estos escritos como recetas. Aquel socialismo llamado «real» no generó un orden social y económico eficiente guiado por el principio de solidaridad que debía unir en una sola voz a los trabajadores. En nombre de la justicia, la igualdad y la libertad, fue construida una apuesta que no pocas veces olvidó cada uno de estos principios, y que hoy yace bajo los escombros de los muros que levantó.
El triunfo del capitalismo tras la caída del muro de Berlín, vino acompañado de la imposición de una sola voz elevada a verdad a nivel mundial. El propio sistema cambió, produciendo una serie de modificaciones en las condiciones de vida para los seres humanos. El crecimiento de las economías y la elevación del nivel de consumo de los individuos consolidó al Neoliberalismo como la única alternativa posible, logrando la aparente conformidad de los trabajadores a partir de sus renovadas formas de dominación.
Sin embargo, y pese al triunfalismo de los sectores dominantes, el fracaso de esta nueva fase capitalista es evidente al abordar los problemas esenciales que afectan a las sociedades: el deterioro de la calidad de vida –entendido material y culturalmente– producto de la desigual repartición de la riqueza; las seudodemocracias cuestionadas progresivamente por todos aquellos que no han sido consultados en las grandes decisiones; la inminente crisis medio ambiental, la falta de expectativas del mundo juvenil, los elevados índices de enfermedades mentales de los trabajadores integrados en jornadas laborales abusivas, no olvidando a aquellos «no integrados» para los cuales la miseria se ha perpetuado, y así, un largo etcétera. Sin lugar a dudas, los grandes triunfadores no se encuentran entre las personas comunes y corrientes que transitan cualquier esquina de ciudades como la nuestra.
¿Reafirma la vigencia de escritos como el Manifiesto esta constatación de miserias? Sabemos que se trata de manifestaciones de la lógica inhumana del capitalismo, una lógica que tiende a mercantilizar hasta lo inimaginable, destruyendo todo aquello que no es capaz de sumir a su vorágine, no importando si lo que destruye es vida y cultura humana. Pero creemos a la vez que las verdades no son sólo problemas teóricos, sino ante todo prácticos, que dependen de la voluntad de los hombres y mujeres que deciden convertirlas en realidad en la construcción cotidiana de la sociedad. Es tiempo de hacer patente la necesidad de una transformación revolucionaria de la sociedad, ser capaces de superar las carencias de las apuestas derrotadas, desde las condiciones impuestas por la realidad actual, pero con la firme intención de que las grandes mayorías desborden tales límites, en la construcción colectiva de un orden nuevo que permita la realización de las más auténticas libertades.
Creemos que es perfectamente posible; ni siquiera es necesario alejarnos demasiado para encontrar experiencias que avancen en este sentido. Actualmente comienza a circular un nuevo aire en nuestra América, distintos sectores sociales han asumido la necesidad de refundar la política popular, abriendo un intenso proceso de búsqueda y construcción de nuevos horizontes. No se trata, como algunos piensan, de simples reediciones de las recetas derrotadas en el pasado. Otros actores han emergido a la superficie como un nuevo poder, asumiendo un protagonismo anteriormente delegado, apropiándose de las injusticias sociales de un modo creativo. Son la clara contraparte de las elites que se han servido históricamente de las grandes mayorías. Conformando fuertes movimientos sociales que son expresión de la diversidad cultural de nuestros pueblos, avanza su dinámica democratizadora revitalizando el sentido de lo público por sobre los intereses de unos pocos. Se trata de un viento fresco que por estos días ha arribado a Chile representado en el movimiento de estudiantes secundarios, y que esperamos, permanezca en el despertar futuro de otros actores sociales.
Pensamos que esta publicación será útil para los constructores de hoy, como una herramienta analítica de la trayectoria histórica de la sociedad de clases, y de las posibilidades que tal confrontación abre a la voluntad revolucionaria de los amplios sectores marginados de los beneficios y de las grandes decisiones sobre el presente y el futuro. No ha sido nuestra intención ofrecer un listado de pasos a seguir mecánicamente, de manera acrítica. Por el contrario, y como aquí hemos expresado, sólo asumiendo las condiciones de la realidad y evaluando la trayectoria de los pueblos en la construcción de una alternativa, con sus errores y aciertos, podemos hoy aportar a hacer de la vigencia del Manifiesto no sólo una vigencia teórica, sino ante todo una vigencia práctica en la acción política de los movimientos sociales liberadores. Ofrecemos esta obra para ser releída, criticada, actualizada y reconstruida por todos aquellos que buscan nuevos caminos para la transformación de la sociedad, y que en esa búsqueda no tienen que perder más que sus cadenas.

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Manifiesto comunista
Karl Marx - Friedrich Engels

¿Por qué publicar hoy una nueva edición del Manifiesto? A 158 años de su aparición, vivimos una época que parece no dar cabida a la posibilidad de construir una realidad diferente. Si hiciéramos eco de los rumores sobre el fin de la historia, insistir en esta obra sería un completo despropósito. El fin de los socialismos reales sembró un manto de duda sobre la vigencia de los planteamientos de este clásico del pensamiento crítico, y ante el lógico cuestionamiento sobre la utilidad de tal insistencia, es precisamente este tiempo el que nos entrega nuevas respuestas.
Con el Manifiesto Comunista comenzamos a dar vida una nueva serie de la Colección Papeles para Armar: la serie Papel Lustre. La intención fundamental de la serie y de la presente publicación es proponer una lectura crítica, útil para una reinvención de las prácticas transformadoras, que asuma el fracaso de los proyectos revolucionarios como una oportunidad para su superación. Una lectura desde la realidad actual, que asuma sus transformaciones no como argumento para la reedición de viejas derrotas, sino como una nueva oportunidad de construir una nueva sociedad
Durante un siglo y medio mujeres y hombres orientaron su opción transformadora del mundo a través de este escrito que Karl Marx y Friedrich Engels presentaron a la Liga de los Comunistas en 1848. Millones de seres humanos en todo el planeta hicieron de su práctica cotidiana un aporte a la construcción de un mundo diferente, que bajara a la tierra ese «reino de la razón» y la «justicia eterna» que la burguesía ofreció y luego abandonó en pos de sus intereses de clase. Hoy sabemos que los proyectos levantados fueron derrotados, no sólo por las virtudes de los triunfadores, sino también, y fundamentalmente, por las propias falencias de quienes tomaron estos escritos como recetas. Aquel socialismo llamado «real» no generó un orden social y económico eficiente guiado por el principio de solidaridad que debía unir en una sola voz a los trabajadores. En nombre de la justicia, la igualdad y la libertad, fue construida una apuesta que no pocas veces olvidó cada uno de estos principios, y que hoy yace bajo los escombros de los muros que levantó.
El triunfo del capitalismo tras la caída del muro de Berlín, vino acompañado de la imposición de una sola voz elevada a verdad a nivel mundial. El propio sistema cambió, produciendo una serie de modificaciones en las condiciones de vida para los seres humanos. El crecimiento de las economías y la elevación del nivel de consumo de los individuos consolidó al Neoliberalismo como la única alternativa posible, logrando la aparente conformidad de los trabajadores a partir de sus renovadas formas de dominación.
Sin embargo, y pese al triunfalismo de los sectores dominantes, el fracaso de esta nueva fase capitalista es evidente al abordar los problemas esenciales que afectan a las sociedades: el deterioro de la calidad de vida –entendido material y culturalmente– producto de la desigual repartición de la riqueza; las seudodemocracias cuestionadas progresivamente por todos aquellos que no han sido consultados en las grandes decisiones; la inminente crisis medio ambiental, la falta de expectativas del mundo juvenil, los elevados índices de enfermedades mentales de los trabajadores integrados en jornadas laborales abusivas, no olvidando a aquellos «no integrados» para los cuales la miseria se ha perpetuado, y así, un largo etcétera. Sin lugar a dudas, los grandes triunfadores no se encuentran entre las personas comunes y corrientes que transitan cualquier esquina de ciudades como la nuestra.
¿Reafirma la vigencia de escritos como el Manifiesto esta constatación de miserias? Sabemos que se trata de manifestaciones de la lógica inhumana del capitalismo, una lógica que tiende a mercantilizar hasta lo inimaginable, destruyendo todo aquello que no es capaz de sumir a su vorágine, no importando si lo que destruye es vida y cultura humana. Pero creemos a la vez que las verdades no son sólo problemas teóricos, sino ante todo prácticos, que dependen de la voluntad de los hombres y mujeres que deciden convertirlas en realidad en la construcción cotidiana de la sociedad. Es tiempo de hacer patente la necesidad de una transformación revolucionaria de la sociedad, ser capaces de superar las carencias de las apuestas derrotadas, desde las condiciones impuestas por la realidad actual, pero con la firme intención de que las grandes mayorías desborden tales límites, en la construcción colectiva de un orden nuevo que permita la realización de las más auténticas libertades.
Creemos que es perfectamente posible; ni siquiera es necesario alejarnos demasiado para encontrar experiencias que avancen en este sentido. Actualmente comienza a circular un nuevo aire en nuestra América, distintos sectores sociales han asumido la necesidad de refundar la política popular, abriendo un intenso proceso de búsqueda y construcción de nuevos horizontes. No se trata, como algunos piensan, de simples reediciones de las recetas derrotadas en el pasado. Otros actores han emergido a la superficie como un nuevo poder, asumiendo un protagonismo anteriormente delegado, apropiándose de las injusticias sociales de un modo creativo. Son la clara contraparte de las elites que se han servido históricamente de las grandes mayorías. Conformando fuertes movimientos sociales que son expresión de la diversidad cultural de nuestros pueblos, avanza su dinámica democratizadora revitalizando el sentido de lo público por sobre los intereses de unos pocos. Se trata de un viento fresco que por estos días ha arribado a Chile representado en el movimiento de estudiantes secundarios, y que esperamos, permanezca en el despertar futuro de otros actores sociales.
Pensamos que esta publicación será útil para los constructores de hoy, como una herramienta analítica de la trayectoria histórica de la sociedad de clases, y de las posibilidades que tal confrontación abre a la voluntad revolucionaria de los amplios sectores marginados de los beneficios y de las grandes decisiones sobre el presente y el futuro. No ha sido nuestra intención ofrecer un listado de pasos a seguir mecánicamente, de manera acrítica. Por el contrario, y como aquí hemos expresado, sólo asumiendo las condiciones de la realidad y evaluando la trayectoria de los pueblos en la construcción de una alternativa, con sus errores y aciertos, podemos hoy aportar a hacer de la vigencia del Manifiesto no sólo una vigencia teórica, sino ante todo una vigencia práctica en la acción política de los movimientos sociales liberadores. Ofrecemos esta obra para ser releída, criticada, actualizada y reconstruida por todos aquellos que buscan nuevos caminos para la transformación de la sociedad, y que en esa búsqueda no tienen que perder más que sus cadenas.

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