Che: Recuerdo del Futuro
Hombre nuevo, socialismo e internacionalismo
Editorial Quimantú - Varios Autores
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El libro “Che: Recuerdo del Futuro” es un compendio de documentos escritos en torno al pensamiento de Ernesto Guevara de la Serna, representado por uno de sus textos más emblemáticos, El Socialismo y el Hombre en Cuba: pasamos por la historia del Che, deteniéndonos en su experiencia en África y las consecuencias que dejó en el continente negro, a través de la exposición de Giraldo Mazola, embajador de Cuba en Chile; la mirada más humana y cotidiana a través de los ojos de Ciro Oyarzún, quién tuvo la oportunidad de trabajar con el Che en el Ministerio de Industrias; así también el análisis filosófico-político de Olga Fernández, investigadora del Instituto de Filosofía de Cuba; y la visión de los jóvenes a través del prólogo de Luis Jofré, estudiante secundario.
El Socialismo y el Hombre en Cuba es una carta enviada al periodista Carlos Quijano en 1965, que con el tiempo se ha transformado en uno de los pilares del pensamiento y la práctica de Ernesto Guevara. Pero sin perder de vista que en su origen es una carta, con la simpleza que tienen las palabras que se envían a un amigo para explicarle lo que se está viviendo… con la particularidad que quién escribe tuvo un ojo especial para observar la realidad y visionarla a través del tiempo.
Es un documento esencial para entender por qué la figura del Che sigue apareciendo en cada movilización, murales, tatuajes, poleras, casas culturales, centros de organización social, a veces donde uno menos se lo imagina. De alguna forma nos dejó la tarea de construir al Hombre Nuevo y uno no puede dejar de tomar el guante ante tal prueba, si significa construirnos nosotros mismos como actores de cambio, en nuestra cotidianidad, con consecuencia en los valores que queremos para una sociedad libre.
Pero hay otros detalles dentro de esta carta que vale la pena subrayar. Nos habla del individuo en su relación con el estado, con la posibilidad cierta de ser un sujeto social y políticamente activo, que echa por tierra la afirmación de los capitalistas de que en el socialismo desaparece el individuo en aras del estado.
Y no es sólo un dilema teórico, podemos señalar dos prácticas reales y probadas que refutan el dicho capitalista: primero, la propia experiencia cubana, que no sólo le ha otorgado rol de ser humano al individuo, sino que un rol de igualdad social que el capitalismo jamás podrá conseguir, porque su esencia es reproducirse a través de la desigualdad. En la Cuba socialista se ha otorgado plena igualdad a la persona participando plenamente del derecho a la salud, la educación, la recreación, a la cultura, al arte y las letras. Cuba no sería socialista si el individuo socialmente activo no defendiera durante casi medio siglo su propio proyecto de sociedad, resistiendo la agresión y el embargo del imperialismo.
La otra práctica es la del propio capitalismo, que en América Latina ha abolido todo derecho y participación al individuo social, generando millones de despojados, generaciones completas perdidas bajo la persecución, la superexplotación y la represión. En la sociedad capitalista, los únicos individuos que tienen plena participación en el estado, en el actual modelo económico, son un grupo de políticos profesionales aliados a militares, policías, banqueros y empresarios quitándole al pueblo toda participación, pero discuten soluciones a los graves problemas sociales en comisiones, mientras en la calle se apalea a la población, persigue a los jóvenes y dispara contra los trabajadores.
A cuarenta años de la muerte del Che, las multitudes de América Latina se sienten más ligadas a las ideas del guerrillero que vivió y luchó por el socialismo. Son los jóvenes que lo portan, lo sostienen, en diferentes símbolos, pero esencialmente identificados con su ideal libertario, solidario, rebelde e intransigente con los enemigos del pueblo. En una sociedad en que los héroes son de cartón, el Che se alza como una figura vívida, llena de energía, directo y consecuente como el principal referente humano frente a esta sociedad plagada de ambigüedades, traiciones y traidores, de acuerdos con los que ayer aplaudían y participaban de los crímenes contra el pueblo.
Che confronta, con su ejemplo y su mensaje, el desarrollo de la dignidad del hombre con el “desarrollo” que nos vende el capitalismo; la lucha por la libertad del otro con el trabajo individualista para obtener bienes materiales que alienan; el trabajar para todos, entregar conocimientos o servicios a la sociedad toda, con un sistema que atrapa y condena al individuo a la esclavitud del consumo.
El Che recorre los campos y ciudades de nuestro continente, porque nace cada día entre los que luchan contra el imperio y sus secuaces, renace entre los pobres que sienten su ejemplo, que creen en su palabra, que se identifican con un socialismo de cuño popular, que lo recuerdan en los emblemas, pero aún más importante, lo recuerdan en la práctica rebelde.

Editorial Quimantú
Octubre de 2007

 

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Che: Recuerdo del Futuro
Hombre nuevo, socialismo e internacionalismo
Editorial Quimantú - Varios Autores

El libro “Che: Recuerdo del Futuro” es un compendio de documentos escritos en torno al pensamiento de Ernesto Guevara de la Serna, representado por uno de sus textos más emblemáticos, El Socialismo y el Hombre en Cuba: pasamos por la historia del Che, deteniéndonos en su experiencia en África y las consecuencias que dejó en el continente negro, a través de la exposición de Giraldo Mazola, embajador de Cuba en Chile; la mirada más humana y cotidiana a través de los ojos de Ciro Oyarzún, quién tuvo la oportunidad de trabajar con el Che en el Ministerio de Industrias; así también el análisis filosófico-político de Olga Fernández, investigadora del Instituto de Filosofía de Cuba; y la visión de los jóvenes a través del prólogo de Luis Jofré, estudiante secundario.
El Socialismo y el Hombre en Cuba es una carta enviada al periodista Carlos Quijano en 1965, que con el tiempo se ha transformado en uno de los pilares del pensamiento y la práctica de Ernesto Guevara. Pero sin perder de vista que en su origen es una carta, con la simpleza que tienen las palabras que se envían a un amigo para explicarle lo que se está viviendo… con la particularidad que quién escribe tuvo un ojo especial para observar la realidad y visionarla a través del tiempo.
Es un documento esencial para entender por qué la figura del Che sigue apareciendo en cada movilización, murales, tatuajes, poleras, casas culturales, centros de organización social, a veces donde uno menos se lo imagina. De alguna forma nos dejó la tarea de construir al Hombre Nuevo y uno no puede dejar de tomar el guante ante tal prueba, si significa construirnos nosotros mismos como actores de cambio, en nuestra cotidianidad, con consecuencia en los valores que queremos para una sociedad libre.
Pero hay otros detalles dentro de esta carta que vale la pena subrayar. Nos habla del individuo en su relación con el estado, con la posibilidad cierta de ser un sujeto social y políticamente activo, que echa por tierra la afirmación de los capitalistas de que en el socialismo desaparece el individuo en aras del estado.
Y no es sólo un dilema teórico, podemos señalar dos prácticas reales y probadas que refutan el dicho capitalista: primero, la propia experiencia cubana, que no sólo le ha otorgado rol de ser humano al individuo, sino que un rol de igualdad social que el capitalismo jamás podrá conseguir, porque su esencia es reproducirse a través de la desigualdad. En la Cuba socialista se ha otorgado plena igualdad a la persona participando plenamente del derecho a la salud, la educación, la recreación, a la cultura, al arte y las letras. Cuba no sería socialista si el individuo socialmente activo no defendiera durante casi medio siglo su propio proyecto de sociedad, resistiendo la agresión y el embargo del imperialismo.
La otra práctica es la del propio capitalismo, que en América Latina ha abolido todo derecho y participación al individuo social, generando millones de despojados, generaciones completas perdidas bajo la persecución, la superexplotación y la represión. En la sociedad capitalista, los únicos individuos que tienen plena participación en el estado, en el actual modelo económico, son un grupo de políticos profesionales aliados a militares, policías, banqueros y empresarios quitándole al pueblo toda participación, pero discuten soluciones a los graves problemas sociales en comisiones, mientras en la calle se apalea a la población, persigue a los jóvenes y dispara contra los trabajadores.
A cuarenta años de la muerte del Che, las multitudes de América Latina se sienten más ligadas a las ideas del guerrillero que vivió y luchó por el socialismo. Son los jóvenes que lo portan, lo sostienen, en diferentes símbolos, pero esencialmente identificados con su ideal libertario, solidario, rebelde e intransigente con los enemigos del pueblo. En una sociedad en que los héroes son de cartón, el Che se alza como una figura vívida, llena de energía, directo y consecuente como el principal referente humano frente a esta sociedad plagada de ambigüedades, traiciones y traidores, de acuerdos con los que ayer aplaudían y participaban de los crímenes contra el pueblo.
Che confronta, con su ejemplo y su mensaje, el desarrollo de la dignidad del hombre con el “desarrollo” que nos vende el capitalismo; la lucha por la libertad del otro con el trabajo individualista para obtener bienes materiales que alienan; el trabajar para todos, entregar conocimientos o servicios a la sociedad toda, con un sistema que atrapa y condena al individuo a la esclavitud del consumo.
El Che recorre los campos y ciudades de nuestro continente, porque nace cada día entre los que luchan contra el imperio y sus secuaces, renace entre los pobres que sienten su ejemplo, que creen en su palabra, que se identifican con un socialismo de cuño popular, que lo recuerdan en los emblemas, pero aún más importante, lo recuerdan en la práctica rebelde.

Editorial Quimantú
Octubre de 2007

 

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