Derechos Naturaleza
Ética biocéntrica y políticas ambientales
Eduardo Gudynas
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¿Es posible una transformación social, sin considerar a la Naturaleza con Derechos?
La edición chilena de Derechos de la Naturaleza, llega a nuestras manos en un contexto donde tenemos la sensación de que algo o muchas cosas están cambiando. Y aunque nos encontremos en el vórtice de esa situación, sin saber muy bien qué saldrá de ahí, ni cómo será el nuevo cotidiano que iremos construyendo, tenemos una certeza y esa es que de cierto modo no hay vuelta atrás.
Sin embargo, ¿qué significa decir que no hay vuelta atrás en un país que ha sostenido su política económica a base de la extracción de grandes volúmenes de naturaleza? ¿Qué significa decir que no hay vuelta atrás en un país cuya “carta fundamental” presenta y representa al Estado como un ente subsidiario? A la vez que crea la figura de derechos de aprovechamiento de agua, en un Código que cada día hace más crisis en los diferentes territorios. Incluso en términos más cotidianos, ¿qué significa decir que no hay vuelta atrás en un país, donde a la naturaleza se le trata como mero recurso? ¿Y la vida de cada ser, se valora según su “función” o “servicio” ecosistémico? ¿Dónde las vacas son tratadas como vacuno? ¿Y el riego tendido, es más considerado como una pérdida de agua en el actual contexto de propiedad que la rige? Sin considerar que es la forma natural de recarga de los acuíferos subterráneos, mientras se promueve el riego por goteo, a partir de una mirada maximizadora del “recurso” agua.
Sabemos que algo está cambiando, hemos visto volar los monumentos que glorificaban a aquellos que promovieron la muerte sistemática de las naciones y pueblos originarios, hasta nuestros días. No sabemos la magnitud, pero hemos visto en cada rincón al menos una frase que diga alto al TPP11, entendiendo que al menos en esta vuelta, el pueblo o los pueblos no queremos más de aquello que por décadas se nos vendió como conexión, globalización, aldeas locales y el milagro de estar en una isla conectadxs con todxs, pero que en el cotidiano nos ató a una serie de firmas y tratados comerciales, que son la muestra fidedigna de un control geopolítico cada vez más evidente, donde el sur extrae y el norte procesa y vende.
Siendo demasiado temprano para diagnósticos, sostenemos que este paradigma está en crisis, y que por tanto, la convulsión vendría por algún lado. Mientras como sociedad, tenemos grandes posibilidades de cambiar el curso de las cosas. Entendemos que disputando el corazón del neoliberalismo a la chilena, es decir, la Constitución, podremos revertir la estructura que se nos impone.
Es el año 2019, y aunque Chile no cuenta con el oráculo de Tebas, sabemos que en esta vuelta, reconocer los Derechos de la Naturaleza es fundamental, pues es imposible realizar una transformación social verdadera sin desprivatizar el agua, restituir los causes y liberarnos como pueblos de la pérdida de soberanía que hay tras cada nueva firma o pacto que se “celebra”.
La crisis se gesta desde hace largo tiempo, y los diferentes territorios se han levantado contra un modelo forestal que planta pinos y eucaliptos, donde antes hubo bosques nativos; contra un modelo agropecuario que contamina ríos, lagos y mares, “cultivando” salmones para el mercado; contra un modelo agroalimentario que prioriza –una vez más– el agua para el mercado mientras los territorios agonizan con una “mega-sequía” que crece a la par de la ambición y la desidia de los terra y aguatenientes; mientras los pueblos campesinxs y pescadorxs, son reabsorbidos como mano de obra barata y precarizada, bajo un modelo de apropiación, que no reconoce ciclos, ni derechos. Y que en cambio, promueve como solución –falsa solución– ante la crisis ambiental, la construcción de carreteras hídricas, e intenta enarbolar a la minería del cobre y el litio como salida a la gran crisis, cuando sabemos que eso no constituye más que una profundización de la misma.
Es decir, en esa lectura podemos ver a territorios completos sobrellevando una vez más las cargas de un modelo que no tiene posibilidad de seguir expandiéndose, o sosteniéndose, porque es profundamente injusto, porque la tierra tiene ciclos y sus tiempos, no son acordes a los tiempos del mercado, ni tampoco responden a los plazos humanamente vividos.
Por tanto, es en la constricción de este paradigma, en que es preciso plantearse de ahora en más la concreción de un habitar biocéntrico o ecocéntrico, donde a cada ser vivo se le reconozca su valor en sí mismo, sin albergar una posibilidad “económica” que es el eje que nos sostiene en la actual crisis ecológica en la que nos encontramos, y de la cual, no podremos salir sin cambiar nuestro vínculo con la naturaleza, sin cambiar nuestro ser y estar en el mundo.
Asimismo, es preciso señalar y poner en el debate cómo hacer las transformaciones desde la matriz político-económica que en conjunto deseamos cambiar, sin que los Derechos de la Naturaleza queden subsumidos a un bonito relato y nada más, frente a ello el autor nos propone miradas y reflexiones tomadas desde los procesos vividos tanto en Bolivia como en Ecuador, cuyas asambleas constituyentes abordaron la temática considerando a la Naturaleza como Sujetx de Derechos, pero conservando el paraguas extractivista, que hoy, ad portas de la década del 20, no es posible sostener.
Por tanto, las ideas expuestas en este texto, se vuelven fundamentales a la hora de dar salida a las interrogantes anteriormente expuestas, que nos entregan reflexiones movilizadoras hacia un cambio político – cultural, donde los territorios podamos plantearnos la restitución de derechos y de justicia a los distintos ecosistemas, y poblaciones que en ellos habitamos, subvirtiendo las erradas lógicas de sacrificio en post de un beneficio que nunca llega. Pues alberga en su esencia los pilares de la inequidad que justifica la existencia de centros y periferias, como si fuese el “orden natural” de las cosas.
Los pueblos del sur estamos en lucha, frente a entidades y corporaciones que venden como progreso y desarrollo, aquello que ya sabemos que significa destrucción y muerte, por lo que se hace fundamental retomar las cosmovisiones que desde siempre han convivido entre nosotrxs, pero que han sido sistemáticamente invisibilizadas y criminalizadas bajo monumentos que hoy son derribados, con el anhelo de que otros mundos renacen y con ellos una bio-ética diferente.

Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales – OLCA

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Derechos Naturaleza
Ética biocéntrica y políticas ambientales
Eduardo Gudynas

¿Es posible una transformación social, sin considerar a la Naturaleza con Derechos?
La edición chilena de Derechos de la Naturaleza, llega a nuestras manos en un contexto donde tenemos la sensación de que algo o muchas cosas están cambiando. Y aunque nos encontremos en el vórtice de esa situación, sin saber muy bien qué saldrá de ahí, ni cómo será el nuevo cotidiano que iremos construyendo, tenemos una certeza y esa es que de cierto modo no hay vuelta atrás.
Sin embargo, ¿qué significa decir que no hay vuelta atrás en un país que ha sostenido su política económica a base de la extracción de grandes volúmenes de naturaleza? ¿Qué significa decir que no hay vuelta atrás en un país cuya “carta fundamental” presenta y representa al Estado como un ente subsidiario? A la vez que crea la figura de derechos de aprovechamiento de agua, en un Código que cada día hace más crisis en los diferentes territorios. Incluso en términos más cotidianos, ¿qué significa decir que no hay vuelta atrás en un país, donde a la naturaleza se le trata como mero recurso? ¿Y la vida de cada ser, se valora según su “función” o “servicio” ecosistémico? ¿Dónde las vacas son tratadas como vacuno? ¿Y el riego tendido, es más considerado como una pérdida de agua en el actual contexto de propiedad que la rige? Sin considerar que es la forma natural de recarga de los acuíferos subterráneos, mientras se promueve el riego por goteo, a partir de una mirada maximizadora del “recurso” agua.
Sabemos que algo está cambiando, hemos visto volar los monumentos que glorificaban a aquellos que promovieron la muerte sistemática de las naciones y pueblos originarios, hasta nuestros días. No sabemos la magnitud, pero hemos visto en cada rincón al menos una frase que diga alto al TPP11, entendiendo que al menos en esta vuelta, el pueblo o los pueblos no queremos más de aquello que por décadas se nos vendió como conexión, globalización, aldeas locales y el milagro de estar en una isla conectadxs con todxs, pero que en el cotidiano nos ató a una serie de firmas y tratados comerciales, que son la muestra fidedigna de un control geopolítico cada vez más evidente, donde el sur extrae y el norte procesa y vende.
Siendo demasiado temprano para diagnósticos, sostenemos que este paradigma está en crisis, y que por tanto, la convulsión vendría por algún lado. Mientras como sociedad, tenemos grandes posibilidades de cambiar el curso de las cosas. Entendemos que disputando el corazón del neoliberalismo a la chilena, es decir, la Constitución, podremos revertir la estructura que se nos impone.
Es el año 2019, y aunque Chile no cuenta con el oráculo de Tebas, sabemos que en esta vuelta, reconocer los Derechos de la Naturaleza es fundamental, pues es imposible realizar una transformación social verdadera sin desprivatizar el agua, restituir los causes y liberarnos como pueblos de la pérdida de soberanía que hay tras cada nueva firma o pacto que se “celebra”.
La crisis se gesta desde hace largo tiempo, y los diferentes territorios se han levantado contra un modelo forestal que planta pinos y eucaliptos, donde antes hubo bosques nativos; contra un modelo agropecuario que contamina ríos, lagos y mares, “cultivando” salmones para el mercado; contra un modelo agroalimentario que prioriza –una vez más– el agua para el mercado mientras los territorios agonizan con una “mega-sequía” que crece a la par de la ambición y la desidia de los terra y aguatenientes; mientras los pueblos campesinxs y pescadorxs, son reabsorbidos como mano de obra barata y precarizada, bajo un modelo de apropiación, que no reconoce ciclos, ni derechos. Y que en cambio, promueve como solución –falsa solución– ante la crisis ambiental, la construcción de carreteras hídricas, e intenta enarbolar a la minería del cobre y el litio como salida a la gran crisis, cuando sabemos que eso no constituye más que una profundización de la misma.
Es decir, en esa lectura podemos ver a territorios completos sobrellevando una vez más las cargas de un modelo que no tiene posibilidad de seguir expandiéndose, o sosteniéndose, porque es profundamente injusto, porque la tierra tiene ciclos y sus tiempos, no son acordes a los tiempos del mercado, ni tampoco responden a los plazos humanamente vividos.
Por tanto, es en la constricción de este paradigma, en que es preciso plantearse de ahora en más la concreción de un habitar biocéntrico o ecocéntrico, donde a cada ser vivo se le reconozca su valor en sí mismo, sin albergar una posibilidad “económica” que es el eje que nos sostiene en la actual crisis ecológica en la que nos encontramos, y de la cual, no podremos salir sin cambiar nuestro vínculo con la naturaleza, sin cambiar nuestro ser y estar en el mundo.
Asimismo, es preciso señalar y poner en el debate cómo hacer las transformaciones desde la matriz político-económica que en conjunto deseamos cambiar, sin que los Derechos de la Naturaleza queden subsumidos a un bonito relato y nada más, frente a ello el autor nos propone miradas y reflexiones tomadas desde los procesos vividos tanto en Bolivia como en Ecuador, cuyas asambleas constituyentes abordaron la temática considerando a la Naturaleza como Sujetx de Derechos, pero conservando el paraguas extractivista, que hoy, ad portas de la década del 20, no es posible sostener.
Por tanto, las ideas expuestas en este texto, se vuelven fundamentales a la hora de dar salida a las interrogantes anteriormente expuestas, que nos entregan reflexiones movilizadoras hacia un cambio político – cultural, donde los territorios podamos plantearnos la restitución de derechos y de justicia a los distintos ecosistemas, y poblaciones que en ellos habitamos, subvirtiendo las erradas lógicas de sacrificio en post de un beneficio que nunca llega. Pues alberga en su esencia los pilares de la inequidad que justifica la existencia de centros y periferias, como si fuese el “orden natural” de las cosas.
Los pueblos del sur estamos en lucha, frente a entidades y corporaciones que venden como progreso y desarrollo, aquello que ya sabemos que significa destrucción y muerte, por lo que se hace fundamental retomar las cosmovisiones que desde siempre han convivido entre nosotrxs, pero que han sido sistemáticamente invisibilizadas y criminalizadas bajo monumentos que hoy son derribados, con el anhelo de que otros mundos renacen y con ellos una bio-ética diferente.

Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales – OLCA

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Eduardo Gudynas

Eduardo Gudynas
Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES), Montevideo, Uruguay

(Montevideo, 1960) es investigar en el Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES). Desde hace más de una década sigue la problemática de los extractivismos en América del Sur en la investigación, capacitación y acompañamiento a movimientos sociales. Es investigador asociado en la Universidad de California, Davis, y fue el primer latinoamericano en recibir la cátedra Arne Naess en ambiente y justicia global de la Universidad de Oslo. Entre sus últimos libros se cuentan “Extractivismos: ecología, economía y política de un modo de entender el desarrollo y la Naturaleza” y “Derechos de la Naturaleza y Políticas Ambientales”, todos ellos publicados en distintas ediciones en varios países.

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