Por la ruta del Inti Wawa, el Niño del cerro El Plomo
Francisca Fernández Droguett / Victoria Berríos Osores
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Para las comunidades y los pueblos andinos los cerros, antepasados protectores de los territorios, dibujan una sacralidad plasmada en el tiempo y en el espacio (Cruz, 2009), desde su existencia material y simbólica, vinculando naturaleza, fertilidad y fenómenos meteorológicos con el orden cosmogónico (Vitry, 2007).
El valle central, así como todo el cordón de la Cordillera de Los Andes en Chile, refleja esta dinámica de sacralización, tanto en el pasado como hoy; es así que en la región metropolitana podemos encontrar cerros sagrados como El Plomo, en tanto cerro tutelar apodado apu, que cumple esa función dada por su altura, en que su poder se sostiene por su cercanía con el Tata Inti (padre sol), pero a su vez por contener todos los pachas, los mundos (el de arriba, aquí y el subsuelo) en su ser.
En 1954, se genera un hallazgo que reconfirma la condición sagrada de El Plomo, el cuerpo de un niño andino en perfecto estado de conservación, acompañado por diversas ofrendas y colocado en un costado de la cima del cerro en que justo aparece el sol en tiempos de Inti Raymi, festividad correspondiente al solsticio de invierno. Este niño apodado “Niño del cerro El Plomo”, habría sido parte de un ritual llamado Capacocha, en tanto ofrenda para las deidades andinas y en torno al cambio de ciclos, siendo enterrado en una huaca, espacio sagrado, de un cerro tutelar.
Según información del Museo Nacional de Historia Natural, Eliana Durán, jefa del Área de antropología en la década del 70, indicó que habría encontrado una cita en donde el visitador extirpador de idolatrías del siglo XVII, Rodrigo Hernández Príncipe, haría mención del envío de un niño para ser sacrificado en Chile, llamado Cauri Pacssa.
Actualmente, diversas organizaciones de danza y música andina, tanto indígenas como mestizas, días previos al Inti Raymi ceremonian y visitan al Niño del Plomo, que se encuentra en el Museo Nacional de Historia Natural. Esta actividad es organizada por la Coordinadora Nacional Indianista (CONACIN) hace más de ocho años, y actualmente cuenta además con el apoyo de la propia institucionalidad del museo, constituyendo otro hito en la configuración y reivindicación de una identidad andina en la región,
Considerando lo relatado, este libro se plantea identificar y sistematizar las principales producciones materiales (libros, historietas, folletos) e inmateriales (investigaciones, ceremonias, obras musicales, teatrales) asociadas al Niño del cerro El Plomo en tanto entidad sagrada, generadas en la región metropolitana. Específicamente se busca indagar respecto de las investigaciones arqueológicas, antropológicas y etnohistóricas que se han realizado respecto del Niño, identificando los ejes discursivos en torno a su procedencia y misión en el marco del ritual de la Capacocha, para finalmente posicionar al Niño del cerro El Plomo como una entidad patrimonial comunitaria, a través de la visibilización de la presencia indígena andina en el valle central de Chile.

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Por la ruta del Inti Wawa, el Niño del cerro El Plomo
Francisca Fernández Droguett / Victoria Berríos Osores

Para las comunidades y los pueblos andinos los cerros, antepasados protectores de los territorios, dibujan una sacralidad plasmada en el tiempo y en el espacio (Cruz, 2009), desde su existencia material y simbólica, vinculando naturaleza, fertilidad y fenómenos meteorológicos con el orden cosmogónico (Vitry, 2007).
El valle central, así como todo el cordón de la Cordillera de Los Andes en Chile, refleja esta dinámica de sacralización, tanto en el pasado como hoy; es así que en la región metropolitana podemos encontrar cerros sagrados como El Plomo, en tanto cerro tutelar apodado apu, que cumple esa función dada por su altura, en que su poder se sostiene por su cercanía con el Tata Inti (padre sol), pero a su vez por contener todos los pachas, los mundos (el de arriba, aquí y el subsuelo) en su ser.
En 1954, se genera un hallazgo que reconfirma la condición sagrada de El Plomo, el cuerpo de un niño andino en perfecto estado de conservación, acompañado por diversas ofrendas y colocado en un costado de la cima del cerro en que justo aparece el sol en tiempos de Inti Raymi, festividad correspondiente al solsticio de invierno. Este niño apodado “Niño del cerro El Plomo”, habría sido parte de un ritual llamado Capacocha, en tanto ofrenda para las deidades andinas y en torno al cambio de ciclos, siendo enterrado en una huaca, espacio sagrado, de un cerro tutelar.
Según información del Museo Nacional de Historia Natural, Eliana Durán, jefa del Área de antropología en la década del 70, indicó que habría encontrado una cita en donde el visitador extirpador de idolatrías del siglo XVII, Rodrigo Hernández Príncipe, haría mención del envío de un niño para ser sacrificado en Chile, llamado Cauri Pacssa.
Actualmente, diversas organizaciones de danza y música andina, tanto indígenas como mestizas, días previos al Inti Raymi ceremonian y visitan al Niño del Plomo, que se encuentra en el Museo Nacional de Historia Natural. Esta actividad es organizada por la Coordinadora Nacional Indianista (CONACIN) hace más de ocho años, y actualmente cuenta además con el apoyo de la propia institucionalidad del museo, constituyendo otro hito en la configuración y reivindicación de una identidad andina en la región,
Considerando lo relatado, este libro se plantea identificar y sistematizar las principales producciones materiales (libros, historietas, folletos) e inmateriales (investigaciones, ceremonias, obras musicales, teatrales) asociadas al Niño del cerro El Plomo en tanto entidad sagrada, generadas en la región metropolitana. Específicamente se busca indagar respecto de las investigaciones arqueológicas, antropológicas y etnohistóricas que se han realizado respecto del Niño, identificando los ejes discursivos en torno a su procedencia y misión en el marco del ritual de la Capacocha, para finalmente posicionar al Niño del cerro El Plomo como una entidad patrimonial comunitaria, a través de la visibilización de la presencia indígena andina en el valle central de Chile.

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Francisca Fernández Droguett / Victoria Berríos Osores

Antropólogas y danzantes andinas del colectivo Cholas Disidentes e integrantes de Somos Cerro Blanco (comuna de Recoleta, Stgo. de Chile). Han realizado investigaciones y acciones artísticas en torno a danzas y festividades andinas originarias y mestizas, feminismo de los pueblos y procesos de defensa territorial.

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