La vida que nos mueve

En el pequeño valle donde yo vivo, al interior de la región de Coquimbo, en la Cuenca del Limarí, las retroexcavadoras se cuelgan de donde pueden para seguir comiendo cerro y flora nativa (esa que cubre el suelo, identifica el paisaje y aguanta la sed mejor nadie), para plantar parrones, paltos y cítricos, los mismos que ya tienen devastados prácticamente todos los valles transversales del norte chico y que están financiados por el Estado para ganancia privada y pérdida colectiva. Es decir el Estado está plantando la sequía y el cambio climático, manejados luego como derroteros conceptuales para que aceptemos falsas soluciones como la construcción de embalses, carreteras hídricas y un montón de otras “genialidades”, que solo posibilitarán estirar un poco más el chicle de la depredación y el extractivismo a costa de intangibles como el derecho a la salud, a vivir en un medio ambiente libre de contaminación, a la vida, a la justicia… y a tangibles, como el patrimonio heredado que resulta “la casa común” y las posibilidad de seguir habitándola.

 

El jueves había una reunión en el último poblado de nuestro río, en el Maitén, convocada por el SAG para controlar la plaga del “chinche pintado”… yo fui y fui testigo de que hay todo un operativo del Estado para erradicar a este bicho que llegó por las importaciones que se hacen desde Asia… probablemente… Se ha establecido obligar a las y los campesinos a fumigar si tienen el bicho en su casa, son dos dosis que tienen que aplicar a su costa y de no hacerlo, corren fuertes multas… para tal despliegue y en las actuales circunstancias, una se pensaría que el tal chinche es portador de las peores enfermedades, pero no, solo afea algunas hortalizas, vuelve amarillas las hojas porque chupa la savia, pero no hace más que eso… o sea no permitiría vender quizás los productos, pero no sería tan grave porque como no hay mercado para nuestros productos, rara vez se venden, más bien llenan la olla y se comparten, o se pierden, ante la impotencia de no tener cómo comercializarlos. Uno de los asistentes a la reunión concluyó que en vez de estar echando químicos y matando nuestro campo para beneficio de los laboratorios, más valía dejar que los pajaritos y las gallinas hicieran su trabajo… Aproveché la ocasión para preguntarle a los dos funcionarios del SAG si estaban informando a los crianceros de que las autoridades habían firmado un protocolo adicional específico que permitiría a una transnacional minera canadiense cerrar el paso de los ganados a la cordillera, o sea, matar la ancestral y muy viva criancería caprina, lo que realmente afectaría la economía y la vida local y es de directa competencia de ellos, pero me dijeron que no, que nadie les había dado instrucciones al respecto.

 

Mientras cosas como esas pasan aquí, en Quintero y Puchuncaví los niños llegan intoxicados a los hospitales y las comunidades son fuertemente reprimidas por negarse a morir; se criminaliza a los mapuches en el sur; en todo Chile las y los viejos se gastan su escuálida jubilación en medicamentos; en las poblaciones la droga campea, de la última que me enteré es de “la morgue”, un polvito que cuesta como 300 pesos y transforma a la coca cola en whisky y al cuerpo en cadáver.

 

Nada de esto tiene lógica ¿por qué nos enfilamos tan hipnotizados a una muerte segura? ¿Qué cuento nos estamos contando para no parar y eligir otro camino? Podemos decir que todo es culpa del sistema, pero eso nos hemos dicho hace harto rato y no soluciona nada, no hace más feliz a nadie, a lo más da el carnet de consciente y junto a ello la membresía al club de la rabia y la impotencia… ¡porque es imposible ser consciente y no sentir rabia e impotencia! Sin embargo, desde ahí no reconstruimos sentido común, sino más tristeza y más desgarro.

Me gustan las miradas que hablan de una crisis civilizatoria… para mí, no es un problema de derechas e izquierdas, de malos y buenos, de sistema o de antisistema, sino de desconexión con los parámetros biológicos de la existencia, entonces la fuerza de la vida y la confianza en su caudal vivificador, suelen no acompañar las luchas por una sociedad distinta, ni las decisiones políticas que perpetúan y profundizan la cultura de muerte.

Dicho de otro modo, la civilización occidental como la conocemos, se construyó, y luego se impuso, desde el miedo a lo otro, a lo desconocido, entonces había que acabar con lo desconocido, como hace el SAG con el tal “chinche pintado”, nunca integrar, como hace la biología y proponía el vecino engrosando con el bicho la dieta de los pajaritos… sino suprimir, como manda la razón y los estudios. De ahí, que nos enseñaron a temerle a todo, partiendo por los instintos, el deseo, la pulsión a lo gregario por ejemplo, a toda costa había que dominarlos y civilizarlos porque el humano debía controlar la naturaleza. Del mismo modo se desdeñaron los principios universales de lo viviente: autorregulación, autorganización, autoreplicación. Se impusieron plantillas y grillas ordenadas que inviabilizaran la autonomía y mataran la magia. De ahí que asesinara a los “salvajes”, se quemara a “las brujas”, se callara al mito, se foclorizara la oralidad, se relevara la escritura siempre lineal y cada vez más individual por sobre el relato colectivo, lleno de imprecisiones y tan alejado de las pretensiones objetividad y unicidad. Si lo Oficial nació antes o después de El Oficial y su armería, importa menos que el hecho de que se “naturalizó”: naturalizamos, la existencia de una oficialidad y sin darnos cuenta, nos fuimos sumando al desdén de todo aquello que se escapara a ella.

Si biológicamente la ciencia ha demostrado que cada célula tiene la totalidad de posibilidades en sí, pero que aquellas se activan solo en presencia de otros, de otras células, distintas a sí, de otros humanos… en fin de lo otro, múltiple, novedoso y siempre variable. Por lo tanto si dejamos de exigir la supresión de lo diferente, y nos damos permiso de validar todas las lecturas como caminos privilegiados de nuevas combinaciones, en vez de tozudamente seguir pretendiendo establecer LA lectura correcta y entonces acotar la escritura a una apuesta hegemónica, sea la del sistema o la mía, pero siempre con pretensión de hegemonía… es bonito pensar que Heráclito y Parménides aún están discutiendo en el mismo río… ahora que le hemos dado tanta importancia a LO dicho, intentando estancar una lectura, que hemos dejado perder la maravilla de decir, el legado de sentarse a observar el río y entenderlo en conexión con la propia sangre, el cosmos y el otro…

Lo que marca un antes y un después en el proceso biótico es la desintegración que posibilita nuevas integraciones. Quizás sería posible codificar que una especie llega a su fin cuando la pulsión a la desintegración se desbalanza en relación a la pulsión integrativa, sin contrapeso… roto ese equilibrio, donde se aloja la estabilidad morfológica de lo viviente, se adviene la generación de nuevas especies a partir de la desintegración de esa estrella que todos dejamos de ser para ser nuevos cosmos.

La cabeza comprende el mundo en código binario, y por eso así lo reproduce, basta ver el lenguaje de la tecnología oficial. Crea los polos y luego los hace competir: bueno, malo; blanco, negro; riqueza, podreza; derecha, izquierda…etc. Pero los polos no existen realmente, son categorías impuestas por el miedo a lo otro: yo, no yo. Es evidente que la vida subvierte esto permanentemente, por ejemplo cuando nace un hijo, cuando hacemos el amor… ¿dónde está el yo y donde el otro?… la piel es otro bellísimo ejemplo, dónde somos poro y dónde piel… en el fondo no somos más que un continuum relacional, somos movimiento, no polos, y si nos ponen polos, como sistemáticamente hace la cultura oficial, se acotarán nuestras posibilidades de movimiento, pero seguiremos siendo no los polos, sino lo que los desnaturaliza en el movimiento.

Esta civilización está condenada a muerte y siembra la muerte, porque aniquila el movimiento, porque le teme a esa posibilidad de que las constantes sean inconstantes, la estabilidad sea inestabilidad, y con ello se desmorone la doctrina del control.

En este sentido, quienes queremos vivir, porque amamos la vida, porque nos conmueve pese a tanto, ver hincharse el pecho de una loyca sobre la rama de un algarrobo y soltar el canto, y ver a los niños jugando a las bolitas en la tasa de un nogal, y celebramos la brizna de pasto que agrieta el alquitrán y sale verde desde la raíz aprisionada, y sentimos tibio el corazón cuando nos estrecha un abrazo sincero, y disfrutamos la creatividad que despunta en los almuerzos colectivos donde el ingrediente hace nacer platos únicos y sabores insospechados; quienes nos indignamos frente a lo que ocurre hoy en Quinteros, ayer en Chiloé, antes de ayer en Chañaral, quienes sabemos y sentimos muy dentro que las cosas pueden ser y son de miles de otras maneras que como se nos ha “naturalizado” que sean, tenemos el desafío por delante de subvertir la estructura yo/otro, amigo/enemigo, razón/instinto, femenino/masculino… somos todo eso en movimiento y por lo tanto mientras más conocido se vuelva aquello que me impusieron temer por desconocido, más se irá debilitando el influjo civilizatorio sobre nosotros.

Hay deconstrucciones que nos costarán menos y otras más pero todas son bienvenidas y necesarias, y tocará juntar a los que trabajan con platas del gobierno y a los que son autogestionados, y a los regalones de la muni con los que no pueden ver al alcalde, a los dc con los pc y con los que no le creen a ni uno pero que habitan un territorio común, habrá que potenciar el accionar de encuentrarse sin prejuicio para que la diversidad de vivencias sea el mejor mapa territorial, y amando el territorio que somos cuando somos juntos, nos echemos a andar.

No veo que haya una forma mejor que ésta para frenar el enorme daño que le estamos haciendo a nuestros cuerpos, al cuerpo social y al cuerpo planetario. Seguro las hay y miles más, pero yo no las veo… sería bonito empezar a compartirlas, no para competirlas, sino para saberlas, celebrarlas y andarnos con ellas en un proceso de sentirnos juntos, de hacer sentido común.

Hasta aquí, seguro que mucho de lo dicho puede parecer muy abstracto o difícil de entender, pero seguro que alguna de estas letras alentarán otros pensamientos, otras ideas y emociones mucho más fáciles de transmitir, y la verdad es que en esa confianza es que están escritas. Hay veces que cuando hablo de esta forma, me dicen que entonces todo lo que hemos hecho hasta ahora está mal, y ahí me doy cuenta que no estoy explicando bien, porque no, para nada, lo que hemos hecho hasta ahora, cada quien en su rincón y en su macetero, es una experiencia imprescindible para darnos permiso de hacer las cosas de otra manera, es con nuestras experiencias que llegamos al círculo a permitir que otras iniciativas ronden… sin juicio, solo porque existen y se comparten, ya subvierten lo que nos dijeron desde la doctrina del control, que había que hacer, o sea rascarse con las propias uñas y desconfiar.

Si nos atrevemos a asomarnos a la diversidad compartida, debemos tener super claro que lo haremos prejuiciando y clasificando, porque así nos enseñaron, y entonces con infinita ternura hacia nosotros mismos, desde ese pillarme en lo civilizada o colonizada que estoy, sería lindo invitarme a atreverme a darle otra vuelta al asunto, a mirar desde otro lado, a escuchar con el corazón para acoger y agradecer y no con la cabeza para discutir y competir. La vida es movimiento, y el movimiento es progresivo, tiene que pasar por cada punto la línea para llegar al otro sin cortarse… creo que no es más: “esto está mal, esto está bien”, sino que esto está, tú lo traes, gracias, que bonito es recibirlo, hará la diferencia.

Consuelo Infante

 

Fotografía: José Luis M. Valdivia

Compartir...
Share on Twitter Share on Facebook
Y tú, ¿Qué dices?
Segundo (26 Sep 2018) —Gratitudes hacia estas palabras de consuelo. Así con la bifurcación de su significación, un rizoma que logra evidenciarse pecho adentro y se transformará en su trayecto; con suelo. Suelo con, la emoción dinamizarme hasta el encuentro con la razón colectiva de la existencia y retomar el aliento.

Anónimo (13 Oct 2018) —Segundo, qué regalo el comentario, muchas gracias y a seguir andando hasta que por ahí la vida nos encuentre y sintamos que ya nos conocíamos!